1. NACE UNA ESPERANZA / Los orígenes, 1774-1896.
Con el nacimiento de Claudina Thévenet, en 1774 surgió una nueva esperanza para el mundo, lleno de violencia e ignorante de Dios, en el que ella se movía. Desde la sencillez que la caracterizaba e impregnada de ella, nace en Lyon, Francia, la Congregación de las Religiosas de Jesús María, como fruto de su generosa respuesta a la invitación que Dios le hacía. Es así como Claudina, junto con Juana Burti y las dos primeras huérfanas, fundó la Congregación durante el transcurso de la noche del 5 al 6 de octubre de 1818, iniciando un nuevo camino sin sospechar siquiera la trascendencia que esta obra tendría en los cinco continentes.
Claudina, vivió en su adolescencia el período más violento de la Revolución Francesa. Las consecuencias de la post-revolución, afectaron de manera especial a la enseñanza y a la educación de los niños y niñas, pues muchos de ellos habían quedado huérfanos. Esta realidad dura, violenta, alejada de Dios y aparentemente sin sentido, es precisamente la que interpela al corazón de nuestra Madre Fundadora, impulsándola a responder generosamente al llamado de Dios a través de la entrega incondicional a Dios y a sus semejantes para transmitirles, la experiencia de su amor, su bondad y perdón, haciendo conocer y amar a Jesús y a María, a través de la educación de la niñez y la juventud, sobre todo los más pobres.
Durante el siglo XIX, la Iglesia, continuaba pidiendo a todas las Congregaciones nacientes el tomar como base de la vida religiosa la regla de San Benito o de San Agustín, en función de los fines que la caracterizaban. De tal manera que, por la naturaleza de Jesús María, Claudina optó por la Regla de San Agustín, aunque en la estructura de la Congregación se tuvieran muchos aspectos provenientes de la vida monacal Benedictina. Además de esta regla, desde los inicios se dio un lugar primordial a la práctica del Examen Particular y a otros actos de piedad que se inspiraban en el Evangelio y en obras como la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis (siglo XV).
En este contexto, la Congregación, educadora y misionera, desde su origen, inició su expansión en Francia al establecerse en 1921 en Belleville. Algunos años más tarde, comenzó la expansión misionera cruzando las fronteras francesas para comenzar su labor en la India en 1842, España en 1850, Canadá en 1855, Pakistán en 1856, Inglaterra en 1860, Estados Unidos en 1877, Italia en 1896 y México en 1902.
2. EL HORIZONTE SE ENSANCHA... / Primera etapa, 1902-1915.
La provincia de España, que había sido fundada en 1950 por las religiosas francesas, continuó abriendo capítulos nuevos en la Historia de Nuestra Congregación al lanzarse a surcar, de nueva cuenta el Océano Atlántico, para fundar una comunidad en México. Es así como después de una larga y difícil travesía, el 24 de diciembre de 1902, llegan al puerto de Progreso las primeras religiosas de Jesús María que comenzaron la labor de Claudina en nuestras tierras:
M. Ma. De San Ignacio Morell, Sup. Prov.
M. Dolores Martínez
M. Clementina Esteve
M. Juana Francisca Alberich
M. Ma. De Loyola Zulueta
M. Natalia Sala
M. Caridad Prat
Dos meses después otro grupo de religiosas llegó a reforzar la fructífera obra iniciada en nuestro país. Las religiosas que llegaron el 5 de febrero de 1903 fueron:
M. Amalia Pueyo
M. Soledad Aguilar
M. Vicente de Paul D´Amours
M. Josefina Bassols
M. Ildefonso Novello
M. Aurea Novello
M. Lutgarda Guell
M. Esteban Tarno
M. Claudina García
M. Virginia Soley
Desgraciadamente, las madres llegaron a nuestro país en período desfavorable para una expansión y trabajo tranquilo. El final del porfiriato se complicó, no sólo por las implicaciones propias de la dictadura, sino por la creciente situación de pobreza y marginación que comenzó a vivir el país después de haber tenido algunos años de “paz y progreso”. A semejanza de la situación del México de hoy, durante este período también existieron pobres cada vez más pobres y ricos cada vez más ricos, entre los que destacaron los inversionistas franceses y alemanes que dominaban la industria petrolera y ferroviaria. En esta situación y, tras algunos años de sequías en los campos, las familias de los industriales y hacendados mexicanos (entre los que se encuentra Francisco I. Madero) comenzaron a tener también graves dificultades económicas que los llevó a unirse con el pueblo en contra del gobierno de Don Porfirio Díaz. En esta situación de efervescencia, búsqueda, inconformidad, pobreza, injusticia y violencia que genera la Revolución Mexicana, nuestras hermanas trabajan con fe, generosidad y alegría, poniendo en riesgo su propia vida por hacer conocer y amar a Jesús y a María. La situación se agravó particularmente durante el período de la “decena trágica” en donde la violencia se manifestó de manera nunca antes vista. Victoriano Huerta, se convierte en el verdugo de muchos, y durante este periodo, las madres se ven obligadas a salir del país durante la noche del 8 al 9 de agosto de 1914 y “dejar el convento sin esperar ni retrazar”, en lo que fue “un viaje triste y excepcional” hacia la Habana, Cuba, en donde se fundó un nuevo Colegio de Jesús María.
3. RENACIMIENTO EN MÉXICO / Segunda etapa, 1921-1926.
A partir de la salida de las Religiosas de Jesús María de México en 1914, las exalumnas tanto del Colegio de Mérida, como del Colegio de México, mantuvieron constante correspondencia con la M. María de San Ignacio, provincial de España y otras religiosas con el deseo no solo de conservar el contacto con “sus madres” sino de manera especial, para lograr su regreso en cuanto fuera posible.
En 1919, el 24 de junio, tanto las exalumnas de México como las de Mérida, recibieron con profunda alegría y esperanza, la visita de la M. San Ignacio, la M. Eufemia y la M. María Stella. La madre provincial pudo arreglar varios asuntos en ambas ciudades y constatar que los intereses de las religiosas habían sido protegidos por los abogados y las familias cercanas a la Congregación. Durante este período, Monseñor Trischler por insistencia de las yucatecas, escribió a la M. Santa Clara, Superiora General, en relación a la reapertura del Colegio de Mérida. La respuesta fortaleció la confianza en el pronto retorno de las madres a nuestro país.
Durante el año de 1921, considerado por nuestras hermanas como el año que dio paso al “renacimiento” de la obra de Jesús-María en estas tierras, se consolidó la reapertura de los Colegios de México y de Mérida. En la capital del país, a pocas cuadras de la Iglesia de la Sagrada Familia que siguen atendiendo los Jesuitas, las madres además del colegio, también trabajaban en la catequesis; mientras que, en la “Ciudad Blanca”, además del trabajo del Colegio, se organizaron catequesis dominicales para indígenas y mestizos en lugar de las escuelas parroquiales que continuaban en manos del gobierno. Tres años más tarde, en 1924, se vio la necesidad de abrir el “Noviciado” ante la creciente manifestación de varias vocaciones que había que cuidar y encaminar hacia la consagración a Dios al estilo de Claudina.
La vida, durante estos años, parecía transcurrir tranquila hasta que el 31 de julio de 1926 se promulgó la Ley Calles, cuya aplicación, ocasionó la expulsión de los sacerdotes extranjeros, el cierre de templos, conventos, asilos, casas para huérfanos, colegios y escuelas católicas. De cara a esta situación, nuestro pueblo junto con el Episcopado Mexicano, se levantó en armas dando origen a la “Guerra Cristera”, en la que muchos religiosos y laicos perdieron su vida y pertenencias al grito de ¡VIVA CRISTO REY!. En julio del mismo año, las religiosas de la ciudad de México salieron hacia la Habana y El Paso, Texas, mientras que las religiosas de Mérida, se vieron obligadas a salir del país en un acto de obediencia a las órdenes recibidas de la Madre General. Al movilizarse, se dispersaron, y fueron acogidas en Argentina, La Habana, Estados Unidos y España.
Durante este segundo período de exilio, las Madres, llevarán en sus corazones la incertidumbre de no saber si será posible volver. Sin embargo, este será un momento propicio para sembrar nuevas semillas en territorio norteamericano.
4. ALGO NUEVO ESTA NACIENDO / Tercera etapa, 1926-1947.
Después de haber salido de México en julio de 1926, a causa de la “Ley Calles”, las hermanas llegaron a la ciudad norteamericana de El Paso. Al establecerse ahí, el padre Romualdo Benedet, SJ y la comunidad mexicana, las recibieron con una calurosa acogida. El Padre las animó diciendo que El Paso sería el origen de un “extenso campo de apostolado para la entonces desterrada comunidad de Jesús-María”. Estas palabras se harían realidad para la mayor gloria de Dios y para gozo de nuestras hermanas. Sin embargo, no todo fue alegría ya que en los comienzos la situación económica fue difícil, a tal grado que las Madres se vieron obligadas a realizar trabajos especiales como bordados, retoque y restauración de fotografías entre otros. También pasaron grandes dificultades debido al desconocimiento del inglés y al proceso de adaptación a la cultura norteamericana.
En octubre del mismo año se llevó a cabo la apertura de la “Academia Comercial” en un salón provisional mientras se arreglaban las habitaciones destinadas para las clases, y aunque al principio tuvieron pocas alumnas, el número de inscritas fue en aumento a medida que pasaba el tiempo.
El año de 1934, fue muy significativo para la comunidad de El Paso, ya que recibieron la visita de la Madre Loyola, que fue muy corta ya que murió poco en la ciudad de Nuevo Orleáns a causa de una pulmonía. Durante ese año también se dio paso a un período fructífero en lo que toca a la expansión educativa y misionera en los estados sureños de los Estados Unidos de Norte América: Texas (1934), Nuevo México (1934), California (1938) y Arizona (1940). Durante esté período el trabajo se realizó en comunidades parroquiales cuya población era mayoritariamente mexicana, pobre y marginada. La actividad misionera se centró fundamentalmente en la catequesis para Primeras Comuniones, preparaciones Bautismales y Matrimoniales. La respuesta de los niños, jóvenes y adultos fue siempre entusiasta, lo cual motivaba la experiencia apostólica y espiritual de las Religiosas.
En el año de 1937, llegó la Madre Ángeles Mancheño quien dio un gran impulso a las misiones y nuevas fundaciones y, como consecuencia de ello, en 1938, el Gobierno General constituyó a la Provincia Hispano Mexicana de la siguiente manera:
La casa Provincial, El Paso, Texas.
El Noviciado, El Paso, Texas.
La Academia Comercial, El Paso, Texas.
La pensión para señoras “Queen of Angels”, El Paso Texas.
La Pensión “Joan of Arc Club”, San Diego, California.
San José de Carlsbad, Nuevo México.
Las Misones en distintos poblados.
5. DE REGRESO AL HOGAR / Cuarta etapa, 1948-2009.
Como consecuencia del devenir histórico de la postguerra y la pos revolución, las hermanas descubrieron que la situación de la educación en México registraba graves problemas tanto de analfabetismo como de escasez de escuelas y maestros. Es por ello que ante este panorama y de cara a la actitud tolerante ante el problema religioso del entonces presidente de México, Don Miguel Alemán, que la Madre Ángeles Mancheño creyó oportuno solicitar, de nueva cuenta, la apertura del colegio al Capítulo General convocado en Roma en 1946.
Al obtener el permiso de los miembros del Capítulo general, la Madre inició los trámites necesarios para la reapertura del colegio. De tal manera que, el 2 de febrero de 1948, comenzaron los cursos en el Instituto Mexicano Regina, a los que más adelante se unieron las Madres María Mingot, la Madre Espíritu Santo y la Madre Angélica Cueva. Un año más tarde, el 12 de febrero de 1949, inauguraron la escuelita de San José en un barrio pobre de la ciudad, posteriormente Escuela Claudina Thévenet. Con las dos obras mencionadas anteriormente se inicia la historia de nuestra provincia, que continúa con la fundación del Colegio Mérida en 1952, tres años más tarde, en 1955, se constituye como tal la actual Provincia de México.
El espíritu misionero continuó impulsando a nuestras hermanas por lo que en 1957 se fundó Colombia, con el deseo de extender el apostolado de Jesús-María en América Latina.
Como puede verse, durante este período, la Provincia sufrió grandes transformaciones pero, al estabilizarse, continuó con la expansión tanto en territorio mexicano, como en el cubano. De ahí que posteriormente fueron varias las fundaciones que se sucedieron a lo largo del tiempo y el territorio mexicano:
1965, Misión y Colegio –actualmente cerrado-. Estipac, Jalisco.
1966, Casa de Descanso para Ancianos –actualmente entregado a otra Congregación de Religiosas-. Guadalajara, Jalisco.
1968, Misión y Escuela de Guachochi –Re’pabé rarámuri-. Sierra Tarahumara, Chihuahua.
1969, Colegio Avelino Montes Linaje. Mérida, Yucatán.
1976, Misión de San Carlos. Tabasco.
1979, Movimiento Eucarístico Juvenil –MEJ- (inició en el Instituto Mexicano Regina, el Colegio Mérida y el Colegio Avelino Montes Linaje. Posteriormente en la Escuela Claudina Thévenet, la Escuela Re’pabé rarámuri y finalmente en Balancán)
1986, Comunidad de Tacubaya -actualmente atiende el Colegio Claudina Thévenet-. México, D.F.
1990, Casa de Oración y Noviciado. Huixquilucan, Estado de México.
1991, Misión ad gentes de La Habana y Sancti Spíritus –esta última cerrada actualmente y sustituida por Mantua- Cuba.
1992, Misión de Balancán. Tabasco.
1998, Juniorado de San José, Tacubaya, México, D.F. Posteriormente se estableció la Comunidad de Camino a Belén -cerrada actualmente-.
Finalmente, en los umbrales del siglo XXI, se han realizado las siguientes fundaciones:
2000, Misión ad gentes en Mantua, Provincia de Pinar del Río, Cuba.
2001, Casa Santa Clara, en colaboración con un grupo de exalumnas del Colegio Regina y tres religiosas. Esta casa, en México, D.F., tiene como finalidad acoger y formar a niñas en riesgo de calle o niñas de la calle, como las que Claudina acogía y educaba en los primeros años de la Congregación.
2006, Nueva Casa Noviciado, Tacubaya, México, D.F. El actual noviciado fue trasladado de la Casa de Oración a esta zona por considerar este espacio como un lugar más adecuado para establecer la casa destinada a la formación inicial de las postulantes y novicias.
Después de este recorrido es importante señalar que, esta historia, en la que muchas de nuestras hermanas han participado, ha sido posible no sólo como resultado de su amor a Jesucristo, su fidelidad a la vocación a la vida religiosa en Jesús-María, su disponibilidad, su generosa entrega, su servicio sencillo, o su compromiso creativo para sembrar la semilla del Evangelio ahí donde fueron enviadas, sino también y de manera especial, gracias al impulso que imprimieron las Madres Provinciales a las distintas fundaciones y obras apostólicas de nuestra provincia. A continuación se les menciona en orden cronológico:
Ángeles Mancheño (1938-1955)
Guadalupe María Pérez (1955-1960)
Margarita Roglá Altet (1960-1962)
Guadalupe María Pérez (1962-1968)
Elena Escudero Molins (1968-1978)
María Teresa García Bernal (1978-1983)
María Luisa Cervantes Riba (1983-1993)
Teresa Mesa Iturbide (1993-2002)
María Concepción García Paredes (2002-2009)
Al concluir esta etapa de la historia de la Congregación en la Provincia de México, y después de 107 años de camino, de entrega, de generosidad, de grandes deseos de “hacer conocer y amar a Jesús y a María” por medio de la educación cristiana en todos los ambientes sociales, privilegiando entre ellos a los más pobres (Cfr. C. 5), se abre ante nosotras un nuevo milenio. Milenio que nos invita a dejarnos conducir por el soplo del Espíritu de Dios, el mismo que en los inicios de la congregación –hace 190 años- impulsó a Claudina y a las primeras religiosas de Jesús María que vinieron a México, a ponerse en marcha sin saber a dónde las llevaría, a seguir comprometidas en la misión que se nos ha confiado con la confianza puesta en Dios.
Así las Religiosas de Jesús-María de la Provincia de México, conmovidas por las miserias de nuestro tiempo (Cfr. C. 3), atentas a los signos de los tiempos y de los lugares, comprometidas con nuestro Señor Jesucristo, su Palabra, su Evangelio y su Iglesia, fieles a la vocación que se nos ha regalado, a nuestra Madre Fundadora y a la Congregación, buscamos, en actitud de oración y discernimiento, respuestas siempre renovadas para hacer vida, al estilo de Claudina, el Carisma que de ella hemos heredado. Es desde ahí, desde donde deseamos aportar nuestra fidelidad creativa y poner nuestra vida al servicio de la construcción del Reino de Dios, para que nuestra vida y nuestras obras sean un continuo canto de alabanza para la mayor gloria de Dios y de nuestros hermanos.
María Luisa de Anda Martínez, RJM Ciudad de Mérida, marzo de 2009 Referencias bibliográficas: Aguilar Martínez, Constanza (Investigación y textos) y Barrios Ramos, Josefína, RJM (2002). Jesús-María en México. México, Religiosas de Jesús-María. Religiosas de Jesús María. (2008). Constituciones de la Congregación de las Religiosas de Jesús-María. Religiosas de Jesús-María, Roma. Rollo Millán, Aurora, RJM (1993). Una vida de bienaventuranzas. México, Religiosas de Jesús-María. Cosío Villegas, Daniel (1973). Historia mínima de México. México, El Colegio de México.
Nace en Lyon Francia, el 30 de marzo de 1774. Hace sus estudios en la Abadía de San Pedro, de la Orden Benedictina. Teniendo ella 15 años, estalla en Francia la revolución.
SU ESPIRITUALIDAD
La Sierva de Dios nace en Québec (Canadá) en una familia profundamente cristiana, el 30 de abril de 1897. Bautizada el mismo día recibe los nombres de María, Margarita, Dina y Adelaida. Sus padres y conocido la llamarán Dina.
A los 14 años entra en el pensionado de Bellevue dirigido por las mismas Religiosas de la Congregación de Nuestra Señora. Pasa allí dos años continuando, con seriedad y firmeza, el desarrollo de su inteligencia y el perfeccionamiento de su carácter. El éxito corona su aplicación. En los últimos exámenes Dina obtiene la máxima calificación.
Después de la Profesión sus superioras le piden que dé clases de música. Se entrega totalmente a esta misión manifestando verdadero amor a sus alumnas, y obtiene de ellas un resultado positivo.


