un regalo para compartir. Por Mónica Vidal. Exalumna del Colegio Mérida

18 de junio 2018

Llegue al Colegio Merida en primero de Secundaria y bastó ese primer año para que mi vida cambiara.
Venía de un Colegio laico y de misa los domingos y gracias a Las Madres que desde el primer momento me hicieron sentir en casa conocí a Dios, un Dios BUENO cercano, real y amoroso y fue a través de cada una de las Madres, del MEJ, de las Misiones, de cada apostolado, actividades, experiencias y sobre todo a través de Claudina en el Colegio que Jesús y María se volvieron parte de mi vida, de mi día a día, una parte real e importante, una relación cercana y profunda, me dieron el regalo de la Fe la cual sigo fortaleciendo todos los días y hoy se que hace una diferencia real en mi vida, ya que no sería la misma sin ella.
Claudina siempre cercana presente con su sencillez, su perdón y sobre todo con su certeza de “Cuán Bueno es el buen Dios”.
Sin embargo, fue hasta el Encuentro de Ex alumnas que por fin comprendí la magnitud de la entrega de Claudina, su Valentía para desafiar las adversidades de su tiempo, la Gran capacidad de encontrar la Bondad de Dios en todo y la certeza de que el hombre que lastima y traiciona, simplemente lo hace porque no conoce la bondad y el amor de Dios; me recordó una frase que por fin tuvo sentido:
“Todo aquello que no es amor, es un pedido de amor”.
El comprender esto hace más fácil el sentido del perdón y lo valiente que es perdonar.
Hoy entiendo la responsabilidad y el compromiso de todos los que conocemos y hemos experimentado la bondad y el amor del buen Dios, y que para poder transmitirlo y tocar otros corazones, es necesario experimentar en nuestro interior esa certeza del buen Dios y de su amor incondicional en nosotros; y para eso, es importante la oración, para poder escuchar la voz de Dios; para poder sanar; para poder llenarnos de ese amor, hay que vaciar primero.
También se que no estoy sola. Jesús, Maria y Claudina caminaron esta tierra y conocen el camino.
El carisma de Jesús-Maria es un don, un regalo que Dios dio a Claudina y ella supo permear y transmitir a toda la congregación a través de 200 años, pero también me di cuenta que ese regalo se nos da a todas las que tenemos la fortuna de ser parte de Jesús-Maria pero depende de nosotros abrirlo y dejar que inunde y transforme nuestro ser.
Salí de Prepa, fui maestra, titular, delegada y tuve la oportunidad de estar en la directiva del colegio, pero mi mayor orgullo es ser mamá de una nueva generación que también recibió el mismo regalo del carisma de Claudina. Mi mayor deseo es que ese don la inunde y transforme como me a seguido transformando a mi.